8/02/2004

HELENISMO

El giro : Helenismo

Es una práctica habitual dividir la filosofía griega en dos periodos correlativos: la filosofía griega clásica y la filosofía helenística. Según esta división el periodo clásico comienza con Tales y se extiende hasta la muerte de Alejandro Magno en el año -323, y el segundo periodo, el helenístico abarca desde ese año hasta el final de la República romana, en el año -31. Cada uno de estos periodos tiene sus propias características, sus personajes y sus escuelas.
Para nuestros propósitos consideramos que una división más adecuada (solo para intentar una mejor explicación) es la que toma a Sócrates como un cruce de camino. Antes de él están los presocráticos, y a partir de él se pueden considerar dos tendencias: Por un lado la tendencia oficial, cuyas grandes figuras son Platón y Aristóteles junto con sus seguidores y escuelas. Por otro lado una tendencia más marginal y variada pero menos conocida, que comienza con ciertos discípulos de Socrates llamados socráticos menores, cruza parte del helenismo y continúa durante la época romana y contiene algunos de los momentos más transgresores de la filosofía. De esta última tendencia es de la que vamos a ocuparnos aquí.
La época helenística fue un periodo de profunda crisis, motivada por diversos factores, entre los cuales se pueden considerar como importantes: la fragmentación del extenso imperio de Alejandro Magno, la desaparición de la polis como lugar autónomo, una fuerte recesión económica, etc.. Factores que provocaron un giro decisivo en el hombre helenístico, que se va alejando de las cuestiones cívicas para volverse más hacia si mismo. Este giro, en el que la polis pierde su importancia y la gente empieza a sentirse como una pequeña parte de un gran imperio con un vasto territorio, implica también el cambio hacia una nueva forma de entender las cosas.
Los filósofos buscan otros caminos para conseguir que el individuo pueda ser feliz al margen de la colectividad. Por ello además de buscar el conocimiento, buscan también la parte práctica del mismo, la que les proporciona otra forma de entender los cambios, que les pueden conducir hacia la felicidad. El concepto de felicidad (eudaimonía) tiene hoy en día un significado muy diferente al que tenía en otros tiempos donde se entendía como un paso para alcanzar un estado, como un logro personal.
La renuncia a participar en la vida pública y en los sucesos mundanos es un requisito necesario para la independencia del filósofo, que trata de reducir al mínimo cualquier necesidad externa a si mismo y conseguir el máximo de autosuficiencia.
Sócrates ha sido el filósofo que a lo largo de la historia, e incluso hoy, ha tenido los partidarios más acérrimos y los enemigos más radicales. Ha sido calificado de todo en uno y otro sentido, sin embrago en su tiempo tuvo muchos seguidores y es que Atenas estaba en su mejor momento histórico. Aunque Sócrates se pasaba el día charlando y dialogando, no le gustaba escribir, asi que la mayor parte de lo que conocemos es por otros personajes de la época, principalmente por Platón, en sus diálogos. Esto es lo que ha dado pie a las diversas interpretaciones de su doctrina. Durante este período helenístico surgen una variedad de movimientos filosóficos de cierta importancia y a los que las historias de la filosofía suelen tratar, cuando los tratan, con cierta prisa: primero fueron megáricos, cirenaicos o cínicos y después escépticos, epicureos o estoicos, entre los más conocidos. Hoy en día esto más bien parece una especie de catálogo de gentes no muy recomendables y con unas connotaciones ciertamente negativas, sin embargo en otro tiempo las cosas eran diferentes.
Todos ellos tienen en común una nueva forma de ver y de relacionarse con el mundo, desde el convencimiento del hombre solo, autosuficiente, que ya no siente ninguna preocupación por lo social, porque al desaparecer la polis asume que es inútil intervenir en tan vastos territorios, y se siente desarraigado y cosmopolita.
Las escuelas de la sospecha.
El periodo helenístico se caracteriza por la extensión del mundo y la cultura griegas debido a las conquistas de Alejandro Magno. Este importante cambio influyó decisivamente en la forma de pensar y de afrontar las cosas de los griegos. Lo que antes estaba centrado en la polis y sobre todo en Atenas, ahora se repartía por extensos lugares, y los ciudadanos empezaban a considerarse cosmopolitas y no solo politas. Los centros de influencia seguían siendo las ciudades, pero Atenas tenía que compartir su importancia con Alejandría, Antioquia, Pérgamo o Esmirna, ciudades que se esforzaban en atraer a todo el mundo cultural.
Los filósofos de esta época de desentienden de la política y de sus deberes ciudadanos que ya no entienden ni comparten y se esfuerzan en buscar soluciones individuales para conseguir la felicidad al margen de la colectividad. Por esto, a las escuelas que surgen en este periodo se las ha llamado, a veces, escuelas de felicidad, porque lo que buscan es precisamente conseguir la felicidad y compartirla con todos aquellos que se acerquen por sus escuelas.
Las primeras, cronológicamente hablando, son las que se han denominado injustamente socráticos menores, porque sus fundadores fueron discípulos de Sócrates, y porque de la diferente interpretación de sus palabras surgen las diferentes escuelas o movimientos de este período. Sin embargo se sabe poco de ellas, ya que se apartan del lado oficial establecido, y eran consideradas y aún hoy lo siguen siendo, como transgresoras.
La escuela cínica fundada por Antístenes y Diógenes, quien toma la provocación y el atrevimiento por algo habitual, para conseguir la ataraxía mediante el ejercicio y la ascesis.
La escuela cirenaica, de Arístipo de Cirene, basada en las sensaciones, sobre todo en el placer, por lo que reciben también el nombre de hedonistas.
La escuela de Megara, fundada por Euclides de Megara, la escuela de Elis fundada por Fedón de Elis (a quién Platón dedica uno de sus diálogos) y la escuela de Eretria fundada por Menedemo de Eretria, son una muestra de la vitalidad del pensamiento de Sócrates, transmitido e interpretado por una serie de gentes inquietas.
A pesar de lo poco que se sabe de estas escuelas, su importancia en aquella época fue notable, y además parte de su filosofía y de sus actitudes pasaron a las escuelas posteriores, más evolucionadas como fueron escépticos, estoicos y epicúreos. Además en esta época seguían funcionando la academia de Platón y el liceo de Aristóteles, y con el paso del tiempo surgió la escuela o movimiento neoplatónico de Plotino, que también se considera helenístico y quedaban además un nutrido grupo de sofistas.
Como se ve, tanto por la cantidad como la diversidad, las escuelas en esta época tuvieron una importancia fundamental y algunas sobrevivieron varios siglos ya en el mundo romano.
Dentro de la diversidad, varias escuelas fueron consideradas ya en su tiempo transgresoras tanto en su vertiente social como en la filosófica, es decir, tanto por su actitud personal como por su pensamiento y sus ideas y esas son las que nos interesan aquí, nos referimos a cínicos, escépticos y epicúreos. Hay que tener en cuenta el peso negativo que estos conceptos vienen arrastrando casi desde su origen y que no han perdido aún en nuestros días. Los pensadores de estas escuelas sospechaban que en los discursos oficiales, o en los ofrecimientos de los poderosos, no se encontraba nada de valor para el ser humano, sospechaban que la felicidad había que buscarla en otra parte y que no iba a ser nada fácil.
Lo primero era ponerse en contra y liberar a los seres humanos del miedo y de la ignorancia.